Cuando Valedoras del gusto nos propusimos llevar, a través de este blog, el reconocimiento público de personas, hechos y circunstancias dignas de ser recordadas o potenciadas, en función de lo que de digno aportan o aportaron a nuestra sociedad, teníamos una cosa bien clara, la comunicación de nuestro sentir, en positivo y en alza, lo sería siempre teniendo como base, la estética, y por lo que respecta, a aquellos que nos dejaron, lo que significaron para toda una generación. Este es el caso de un hombre, un actor, fallecido prematuramente, pero que, con su estilo, nos dejó una huella imborrable. Su nombre Steve McQueen. Con estas palabras Steve se definía a sí mismo, y el significado de las mismas lo comprenderemos en la medida en que conozcamos todos los hechos que marcaron su existencia:
"Hay algo en mis ojos de perro apaleado que le hace pensar a la gente que soy buena persona”
Dotado con un físico impresonante, rubio, intensos ojos azules, y un cuerpo atlético, con sólo 17 años entró en el Cuerpo de Marines, si bien permanecía mas tiempo en el calabozo como consecuencia de sus insubordinaciones, de su violencia incontenida y descontrolada. No obstante,se pago sus estudios de actor en el Actor´S Studios, participando para ello en carreras de coches y motocicletas. STEVE MCQUEEN era velocidad y motor.
La personalidad de este hombre estuvo siempre marcada por una naturalidad involuntaria, que fue lo que convenció a tantos amantes del séptimo arte, McQueen hablaba siempre con una sonrisa, y esa expresividad fue la que le convirtió en el verdadero autor de sus personajes y de sus historias.
Bien es cierto que hay personas predestinadas a ser lo que fueron, que estuvieron en el momento justo en el lugar apropiado, ese fue STEVE. Sin entrar a valorar si como actor fue bueno, malo o regular, su temperamento colérico, propio de una personalidad compleja, hacía de él un actor muy físico, cuando hablaba era potente, pero cuando permanecía en silencio, se notaba aún mas su presencia.
Jamás utilizó un dobled en ninguna de sus películas, llegando a conducir toda clase de vehículos en las escenas mas arriesgadas.
Con sus interpretaciones podemos hacernos una pequeña, pero valiosa videoteca, con peliculas como, Marcado por el odio, en 1956, Cuando hierve la sangre, en 1959, Los siete magníficos, en 1960, El rey del juego, en 1965, El Yang-Tse en llamas, en 1966, por la que fue nominado a un Oscar, Bullit, en 1968, El Caso de Thomas Crown, en 1968, Papillon, en 1973, o, El coloso en llamas, en 1974.
Pero fue, sin duda, la película La Gran Evasion, rodada en 1963, la que hizo de Steve McQueen una estrella, bajo la dirección de John Sturges, destacando también sus interpretaciones en sendas películas dirigidas por Sam Peckimpah, Junior Bonner y La Huida, en 1972..
Un detalle que quizás no conozcan todos los que somos admiradores de este encantador tipo duro es que fue amigo personal de Bruce Lee y se entrenó en Jeet Kune Do.
Si entramos en su vida sentimental, el gran amor de su vida fue Ali Mac Graw, su segunda esposa, a la que literalmente robó al productor Robert Evans, durante el rodaje de La Huida.
En 1980, un cancer fulminante acababa con la vida de Steve Mc Queen, convencido de que la enfermedad remitiría a base de terapias naturales, cosa que no sucedió.
En palabras del crítico de cine Carlos Boyero."Nunca he sabido si McQueen era un gran actor, pero tengo claro que llenaba la pantalla y yo pagaba por verle". Esto lo dice todo de este hombre, encantadoramente impropio, pero dulcemente atractivo.
UN MITO, UN ICONO, "THE KING OF COOL"
Nuestra presentación de Steve MC Queen como lo que significó para el mundo del séptimo arte, está marcada por el orgullo en el reconocimiento de la perdurabilidad de éste como MITO, y de su esencia, de hombre duro, pero del que toda mujer sabría reconocer y rendirse a su ENCANTO.. Por cierto, un último detalle, para todos los amantes de la estética en la moda, nadie como Steve supo nunca conjugar tan perfectamente una americana con un jersey de cuello vuelto.
"Correr es la vida. Todo lo que pase antes y después es solo esperar". Esta frase la pronunció en la película Le Mans.












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