jueves, 25 de julio de 2013

MARIA CALLAS........ LA TRAGEDIA.




No serán muchas las personas que, a lo largo de sus vidas, hayan saboreado lo que es ésta en toda su extensión, con el mayor reconocimiento personal y profesional, y con el peor de los destinos sentimentales conocidos.
El nombre de MARIA CALLAS ya, de por sí, suena a tragedia, a la tragedia de una mujer que triunfó, paso a paso, con el esfuerzo de su carácter apasionado, dominante, impulsivo, pero que se vió sometido, casi como sin querer, casi como queriendo, por el amor de un hombre, el que fue, sin duda, el hombre de su vida, y al que nunca olvidó, al que seguro mantuvo en su pensamiento y en su corazón hasta su último latido, esta es la historia de una gran mujer, de una gran señora que responde al nombre de MARIA CALLAS.



Pero, qué sabemos de la infancia y juventud de nuestra protagonista de hoy?


MARIA CALLAS nacida Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulou, en Nueva York, el 2 de diciembre de 1923, hija de emigrantes griegos, cuyos problemas económicos llevaron a que la pequeña Cecilia tuviera que regresar a Grecia con su madre, en 1937.


Sabedora de que podía triunfar por su voz, se inscribió en el Conservatorio de Atenas, cuya profesora Elvira  Hidalgo era una muy conocida soprano y magnifica profesora.
El trabajo dio su fruto y en 1941, Maria Callas debutó con la obra Tosca, de Puccini, en la Opera de Atenas. Su trayectoria la llevó a debutar en Italia con La Gioconda, de Ponchielli, en Verona, en el año 1947, dirigida por Tullio Serafín que se convirtió en el mejor de sus mentores.



Durante estos primeros años Maria Callas representó gran variedad de papeles, entre ellos Isolda, en Tristan  und Isolda, pero prefirió dedicarse fundamentalmente a la ópera italiana, en el bel canto con obras de Bellini, Donizetti y Verdi.



En el año 1949 Maria Callas conoció a Giovanni Meneghini con el que se casó, y cuyo matrimonio duró diez años.


Debutó en La Scala de Milán, en 1950, con Aida. En Nueva York debutó en 1956, con Norma, la opera de Bellini, en un papel hecho a su medida.
Pero la VIDA, con mayúsculas, tan sólo había hecho su inicio en MARIA CALLAS, cuando conoció al que sería el hombre de su vida, por el que lucharía, triunfaría y moriría también,: Aristóteles Onasis, una tormentosa relación de seis años, durante los cuales MARIA, que tanto había cuidado su voz, su físico, la perfección de su vocación operística, se dejó arrastrar por el caracter de ONASIS, un triunfador nato, la encarnación del MIDAS del siglo XX.



Y ello repercutió en su carrera como soprano, hasta el punto de abandonar su carrera por seguir a su amor, pero éste nunca quiso casarse con ella. Es más viviendo ambos en el yate de Aristóteles, María pernoctaba en su propio camarote, pues aquél jamás le permitió cambiar, argumentándole: "No olvides, querida, que eres solo una invitada".
Pero toda la fuerza de carácter de MARIA CALLAS, de la que hiciera expresión en el escenario, se derrumbaba delante de Aristóteles Onasis, junto al que permanecía unida, a pesar del trato, a veces indebido por parte de aquél.


Pero todo acabó, por lo menos, por lo que afectaba a ONASIS, cuando conoció a Jacqueline Kennedy, con la que se casó en 1968, sacrificando el amor de una mujer como la CALLAS, por el esplendor y el brillo que le proporcionaba la "viuda de América".


MARIA CALLAS se retiró de su vida, y casi podríamos decir de que la escena, pues perdió todo interés por la vida, refugiándose en su apartamento parisino, en el que recibía a aquellos a los que consideraba, verdaderamente, sus amigos. al cuidado de un ama de llaves, y bajo los continuos efectos de los somníferos.
Cuando en 1973, Aristóteles Onasis conoce la muerte de su único hijo varón, Alejandro, trata de refugiarse en el amor despreciado de Maria Callas, pero ésta se niega a reanudar la relación, quizás porque ni siquiera la voluntad podía con ella y con sus sentimientos heridos.
Murió a los 53 años en la mayor de las soledades y de una forma que nunca quedó definitivamente clara, pues se habló de suicidio, por medio de barbitúricos, y de infarto de miocardio, como consecuencia de la medicación que tomaba ya sin control alguno.



El que fuera su marido durante diez años, Giovanni Baristta Meneguini, dejó como legado un libro en el que relataba su relación con la que fuera su esposa, y maneja la opción de que ésta, efectivamente, se suicidara, desesperada como consecuencia de la soledad y la decadencia.

 
El libro titulado, MARIA CALLAS, MI MUJER, describe como era la vida del matrimonio, durante los años que estuvieron juntos, hasta que apareció en la vida de ella ONASIS, del que quedó fascinada, y se unió al ritmo de vida de éste, "Quería abrazar la vida, sentirla en su piel", escribió Meneghini, pero esa fue, en definitiva, su ruina y su muerte.
Pocas personalidades han pasado a la historia, con una visión tan apasionada tanto dentro de su aspecto personal, como profesional, MARIA CALLAS fue una mujer racial, apasionada, que prefirió morir en soledad, antes que vivir una triste existencia con una compañia no deseada.




Tanto ella como Aristóteles Onasis simbolizaron, en su época, el triunfo y el reconocimiento social del ser humano, el brillo del poder y el sabor de la victoria, pero como todo, hasta la propia vida, es EFIMERO,  tanto uno como otra, conocieron, el lado mas oscuro de su respectiva humanidad.
 

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