"Julio Romero de Torres es, de cuantos
pintores acuden a esta exposición, el único
que parece haber visto en las cosas aquella
condición suprema de poesía y misterio que
las hace dignas del arte. El sabe que la ver-
dad esencial no es la baja verdad que descu-
bren los ojos, sino aquella otra que descubre
el espíritu unida a un oculto ritmo de emo-
ción y armonía, que es el goce estético" (Ra-
món del Valle Inclán. 1908)
Con estas expresivas y sentidas palabras Ramón del Valle Inclán nos hace la presentación a VALDEDORASDELGUSTO de un pintor muy, muy especial. Le podríamos definir como el pintor del alma gitana, de la mujer sensual, ardiente, aquella de la que no podemos apartar la vista, una vez "se planta" ante nuestros ojos. Todo un mundo que gira en torno a la mujer "morena por excelencia", en un ambiente Córdoba, en el que suena la copla y canta la guitarra.
Pero JULIO ROMERO DE TORRES es mucho más, y a través de este "post" conoceremos la experiencia vital de este hombre, uno de los mas altos exponentes del simbolismo español, que se inspira en su tierra, su Córdoba natal.
Es de aquí de donde partimos, iniciemos, pues, este maravilloso viaje.
JULIO ROMERO DE TORRES nació en 1874, precisamente en el edificio del Museo Provincial de Bellas Artes Cordobés, museo del cual su padre -Rafael Romero Barros- fue su fundador y su director, amen de participar del gozo de la pintura, aunque eso sí, no alcanzó, ni mucho menos, la categoría de su hijo.
La época que vivió Julio Romero de Torres conoció movimientos culturales muy distintos y que han aportado mucho a la historia del arte en general; así, el romanticismo, academicismo, realismo, impresionismo y simbolismo. Su inclinación por el modernismo se observa claramente en él, en uno de sus primeros cuadros "Mira que bonita que era", que concluye con un tema muy en boga en la época: la belleza muerta. Pero, al mismo tiempo, nos presenta a un Julio Romero de Torres en el que prima el erotismo y el drama. Sin embargo, evoluciona hacia las técnicas de la iluminación, la luz, que tanto trabaja Sorolla, pero por poco tiempo, pues su devoción se inclina hacia su milenaria y exclusiva Córdoba.
De esta época son sus obras "Flor de estufa", "El Barrio" o "Rosarillo", con la que consiguió la tercera medalla en la Exposición Nacional de 1904. Poco después emprende una obra extraordinaria los murales del Círculo de la Amistad de Córdoba, en número de seis, de grandes dimensiones, en los que el estilo simbolista alcanza altas cotas. El existo fue clamoroso.
Julio Romero de Torres jamás fue un pintor convencional, frente a la percepción del público en general, fue un hombre avanzado para su tiempo; su cuadro "Vividoras del amor", que representa una habitación con prostitutas, fue rechazado para la Exposición Nacional de 1906, dada su temática.
Poco después, Romero de Torres se marcha a vivir a Madrid en donde se mantiene en contacto con todo el mundillo intelectural y artístico del momento, Valle-Inclán, Ramon Gómez de la Serna, y es allí donde conoce a una hermosa joven, Pastora Imperio. Romero de Torres es un hombre educado, respetuoso, que sabe de su propio concepto artístico, pero para nada desdeña la opinión y creación de sus coetáneos.
Su horizonte va ampliándose cada vez más, pues emprende viajes por Europa; en Francia, concretamente, conoce la obra de Moreau, y Chavannes, en Inglaterra, las teorias ruskinianas y el ideal del prerrafaelismo. De los Paises Bajos a Italia queda profundamente impresionado por todo lo que sus ojos y su espíritu artístico logra alcanzar en profundizar.
Es así como después de toda esta trayectoria vital, nuestro JULIO ROMERO DE TORRES resurge como él mismo, con un estilo perfeccionista que ya no le abandonará jamás. Se identifica, en cuerpo y espíritu, con su Andalucía natal, tal y como podemos destacar en "Amor místico y amor profano", "Musa gitana" y "Nuestra Señora de Andalucía". En la pintura de JULIO ROMERO DE TORRES lo real alcanza niveles de alegoría.
Consigue reunir en una sola voz todas las influencias recibidas, a lo largo de sus viajes al extranjero, y consigue un estilo personal e inconfundible, en el que la MUJER es el modelo casi constante.
Su libertad de expresión artística le llevó aún a nuevos escándalos: el tema principal, la voluptuosidad femenina y la provocación de sus desnudos: "El retablo del Amor" y "La consagración de la copla", ambos de un carácter especialmente simbólico.
Su obra sigue causando polémica, pero JULIO ROMERO DE TORRES continúa en la cumbre de su éxito. También es cotizado como "cartelista", pero es en sus retratos donde Romero de Torres da todo lo que tiene de sí: la luz que tan peculiarmente abraza los cuerpos desnudos, el sensual dramatismo de las escenas oníricas y místicas, todo ello podemos contemplarlo en "Alegorias", "Muerte de Santa Inés", "Arcángel San Gabriel", y bueno, muchos más.
JULIO ROMERO DE TORRES murió el 10 de mayo de 1930, habiendo sido fiel toda su vida a si mismo, algo tremendamente difícil. En voz de Jacinto Benavente fue "el primero de nuestros modernistas de verdad que viviendo en España escribió en castellano". Fue un hombre querido y apreciado no sólo por los intelectuales y artistas, sino por el pueblo llano.
No en vano el Museo Carmen Thyssen de Málaga ha mantenido durante casi seis meses, desde el 27 de abril hasta el pasado 8 de septiembre, en la Sala Villalón, una retrospectiva sobre su impresionante y siempre sensual obra.
La muerte de Julio Romero de Torres fue un acontecimiento muy sentido en su Córdoba natal. Ese día, los comercios cerraron, las tabernas, los cafés, el pésame es general en total la ciudad, y la conocida como Casa del Pueblo llama a los obreros a honrar al maestro, un "trabajador incansable, un obrero del arte". Su cadáver se expone en la capilla ardiente instalada en el Museo de Bellas Artes, donde es despedido por todo el pueblo de Córdoba, y muestra del cariño y respeto que este ARTISTA representó para sus conciudadanos es que el féretro es portado por obreros. Uno tras otro los homenajes se suceden, y JULIO ROMERO DE TORRES se convierte en el mito, en el artista que el pueblo moldea a su sencillo criterio, sin saber, ni llegar a pensar que el mito de JULIO ROMERO DE TORRES no es el de ser el pintor cordobés, el pintor de la mujer andaluza por excelencia, es el mito lleno de tópico, el mito por EXCELENCIA.
Para todos aquellos que queráis conocer, en vivo y en directo, la esencia de JULIO ROMERO DE TORRES en su Córdoba natal, en su casa museo, permanecen expuestos 73 cuadros del artista, donados por los hijos del pintor a la ciudad de Córdoba. Un pequeño viaje que puedo aseguraros merece la pena.
Consistencia de fuego
rodeada de llanto
Lo primero que se ama
son los ojos:encienden
su luz en la existencia
reunida mirándose.
Pero la luz
es causa mortal. Herido
de transparencia, mi
corazón se oculta en la belleza.
(ANTOLOGIA POETICA-ANTONIO GAMONEDA)
JULIO ROMERO DE TORRES nació en 1874, precisamente en el edificio del Museo Provincial de Bellas Artes Cordobés, museo del cual su padre -Rafael Romero Barros- fue su fundador y su director, amen de participar del gozo de la pintura, aunque eso sí, no alcanzó, ni mucho menos, la categoría de su hijo.
La época que vivió Julio Romero de Torres conoció movimientos culturales muy distintos y que han aportado mucho a la historia del arte en general; así, el romanticismo, academicismo, realismo, impresionismo y simbolismo. Su inclinación por el modernismo se observa claramente en él, en uno de sus primeros cuadros "Mira que bonita que era", que concluye con un tema muy en boga en la época: la belleza muerta. Pero, al mismo tiempo, nos presenta a un Julio Romero de Torres en el que prima el erotismo y el drama. Sin embargo, evoluciona hacia las técnicas de la iluminación, la luz, que tanto trabaja Sorolla, pero por poco tiempo, pues su devoción se inclina hacia su milenaria y exclusiva Córdoba.
De esta época son sus obras "Flor de estufa", "El Barrio" o "Rosarillo", con la que consiguió la tercera medalla en la Exposición Nacional de 1904. Poco después emprende una obra extraordinaria los murales del Círculo de la Amistad de Córdoba, en número de seis, de grandes dimensiones, en los que el estilo simbolista alcanza altas cotas. El existo fue clamoroso.
Julio Romero de Torres jamás fue un pintor convencional, frente a la percepción del público en general, fue un hombre avanzado para su tiempo; su cuadro "Vividoras del amor", que representa una habitación con prostitutas, fue rechazado para la Exposición Nacional de 1906, dada su temática.
Poco después, Romero de Torres se marcha a vivir a Madrid en donde se mantiene en contacto con todo el mundillo intelectural y artístico del momento, Valle-Inclán, Ramon Gómez de la Serna, y es allí donde conoce a una hermosa joven, Pastora Imperio. Romero de Torres es un hombre educado, respetuoso, que sabe de su propio concepto artístico, pero para nada desdeña la opinión y creación de sus coetáneos.
Su horizonte va ampliándose cada vez más, pues emprende viajes por Europa; en Francia, concretamente, conoce la obra de Moreau, y Chavannes, en Inglaterra, las teorias ruskinianas y el ideal del prerrafaelismo. De los Paises Bajos a Italia queda profundamente impresionado por todo lo que sus ojos y su espíritu artístico logra alcanzar en profundizar.
Es así como después de toda esta trayectoria vital, nuestro JULIO ROMERO DE TORRES resurge como él mismo, con un estilo perfeccionista que ya no le abandonará jamás. Se identifica, en cuerpo y espíritu, con su Andalucía natal, tal y como podemos destacar en "Amor místico y amor profano", "Musa gitana" y "Nuestra Señora de Andalucía". En la pintura de JULIO ROMERO DE TORRES lo real alcanza niveles de alegoría.
Consigue reunir en una sola voz todas las influencias recibidas, a lo largo de sus viajes al extranjero, y consigue un estilo personal e inconfundible, en el que la MUJER es el modelo casi constante.
Su libertad de expresión artística le llevó aún a nuevos escándalos: el tema principal, la voluptuosidad femenina y la provocación de sus desnudos: "El retablo del Amor" y "La consagración de la copla", ambos de un carácter especialmente simbólico.
Su obra sigue causando polémica, pero JULIO ROMERO DE TORRES continúa en la cumbre de su éxito. También es cotizado como "cartelista", pero es en sus retratos donde Romero de Torres da todo lo que tiene de sí: la luz que tan peculiarmente abraza los cuerpos desnudos, el sensual dramatismo de las escenas oníricas y místicas, todo ello podemos contemplarlo en "Alegorias", "Muerte de Santa Inés", "Arcángel San Gabriel", y bueno, muchos más.
JULIO ROMERO DE TORRES murió el 10 de mayo de 1930, habiendo sido fiel toda su vida a si mismo, algo tremendamente difícil. En voz de Jacinto Benavente fue "el primero de nuestros modernistas de verdad que viviendo en España escribió en castellano". Fue un hombre querido y apreciado no sólo por los intelectuales y artistas, sino por el pueblo llano.
No en vano el Museo Carmen Thyssen de Málaga ha mantenido durante casi seis meses, desde el 27 de abril hasta el pasado 8 de septiembre, en la Sala Villalón, una retrospectiva sobre su impresionante y siempre sensual obra.
La muerte de Julio Romero de Torres fue un acontecimiento muy sentido en su Córdoba natal. Ese día, los comercios cerraron, las tabernas, los cafés, el pésame es general en total la ciudad, y la conocida como Casa del Pueblo llama a los obreros a honrar al maestro, un "trabajador incansable, un obrero del arte". Su cadáver se expone en la capilla ardiente instalada en el Museo de Bellas Artes, donde es despedido por todo el pueblo de Córdoba, y muestra del cariño y respeto que este ARTISTA representó para sus conciudadanos es que el féretro es portado por obreros. Uno tras otro los homenajes se suceden, y JULIO ROMERO DE TORRES se convierte en el mito, en el artista que el pueblo moldea a su sencillo criterio, sin saber, ni llegar a pensar que el mito de JULIO ROMERO DE TORRES no es el de ser el pintor cordobés, el pintor de la mujer andaluza por excelencia, es el mito lleno de tópico, el mito por EXCELENCIA.
Para todos aquellos que queráis conocer, en vivo y en directo, la esencia de JULIO ROMERO DE TORRES en su Córdoba natal, en su casa museo, permanecen expuestos 73 cuadros del artista, donados por los hijos del pintor a la ciudad de Córdoba. Un pequeño viaje que puedo aseguraros merece la pena.
Consistencia de fuego
rodeada de llanto
Lo primero que se ama
son los ojos:encienden
su luz en la existencia
reunida mirándose.
Pero la luz
es causa mortal. Herido
de transparencia, mi
corazón se oculta en la belleza.
(ANTOLOGIA POETICA-ANTONIO GAMONEDA)
BIENVENIDOS AL UNIVERSO DE ESTE MITO QUE ESTÁ LLENO DE TÓPICOS:
JULIO ROMERO DE TORRES.


























No hay comentarios:
Publicar un comentario